Linking Farmers Worldwide
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"Hay suficiente en el mundo para la necesidad de todos pero no para la codicia de todos", decía Frank Buchman, el fundador de Iniciativas de Cambio. Alimentos, recursos energéticos y agua, son el corazón de los conflictos de hoy día que, desafortunadamente, derraman demasiada sangre en muchos lugares del mundo. La codicia es, desgraciadamente, el detonador de luchas y guerras en todo el mundo.
El alimento es esencial para el bienestar humano. Estar sentado alrededor de una mesa es un acto cultural, simbólico, antropológico y religioso. De hecho, nuestros hábitos alimenticios definen muchas prácticas sociales de la cultural a la cual pertenecemos. El acceso a los alimentos está estrechamente ligado con el poder económico de cada individuo. Es por esto que ciertos tipos de comida se convierten en un símbolo de estatus; otros se necesitan simplemente para sobrevivir. La cantidad y la calidad del alimento que comemos son fundamentales para nuestra salud y para nuestra habilidad llevar adelante nuestra propia vida.
La producción de alimentos y la industria alimenticia tienen un gran impacto en la economía de un país. Las personas hambrientas o desnutridas no son capaces de mirar hacia el futuro porque están atrapadas en una mera lucha por sobrevivir.
Nos enfrentamos por un lado con el excedente que nos lleva a un derroche de alimentos y a la enfermedad en los llamados países desarrollados; y por otro lado, con el hambre y la desnutrición en los países en vías de desarrollo: dos caras de la misma moneda con una variedad de intereses en juego. Con mucha frecuencia con nuestro comportamiento los alimentos se desperdician y a menudo se comercializan a precios bajos y son de mala calidad. Además de los efectos de estos alimentos sobre la salud, su producción requiere grandes cantidades de energía. Esto es típico de un sistema económico que organiza el desperdicio (¿Cuánta comida se bota en los supermercados debido a la fecha límite de venta?).
Este no fue el caso en las sociedades agrarias de toda Europa antes de la Revolución Industrial, que se caracterizaron por ser economías autosuficientes. Hoy en día, tres grupos principales están enfrentados en la cadena alimenticia: la agroindustria global, mayormente conducida por las ganancias; los agricultores, con todas sus dificultades y desafíos modernos; y los consumidores, a menudo buscando mejores precios y buena calidad, en su mayoría ajenos a la realidad de la producción.
La agricultura es parte de la cultura de cada nación. Sus tradiciones se remontan a miles de años y han marcado nuestro entorno. Esta no se puede estandarizar en países tan diferentes. ¿Qué sería de la Toscana sin sus colinas y viñedos? ¿Y qué sería de Baviera sin sus típicas granjas y los vastos pastizales para las vacas lecheras? Las ensenadas inglesas son tan fascinantes como el paisaje creado en Francia por el sistema de "pasto y bosque".
La políticas europea de salvaguardia agrícola son el resultado del deseo de preservar sus mil años de historia (que podrían perderse si permitimos que desaparezca la agricultura) y de proveer el alimento necesario en el país. Los países en vías de desarrollo deberían conceder los mismos derechos que dan a sus tesoros culturales y paisajes, al desarrollo y protección de su agricultura y el sistema de producción de alimentos. Y a fin de salvar la biodiversidad debemos cuestionar seriamente el sistema de uniformidad que prevalece hoy día y que beneficia principalmente a los países ricos.
Es urgente reformar las políticas y reglamentos comerciales sobre producción de alimentos para disminuir la pobreza y por consiguiente la inseguridad alimenticia y el hambre – como los recientes disturbios por comida que se han visto en muchos países.
Fortalecer los lazos de los agricultores con sus tierras evitará la migración rural, una tendencia que se observa en los países en vías de desarrollo donde las personas dejan la vida rural para emigrar hacia las grandes ciudades. Al mismo tiempo, la Unión Europea, confrontada a una crisis agrícola causada por la competencia externa, tuvo que proponer nuevas políticas para el comercio rural apuntando principalmente a preservar la producción típica y local. Veamos la situación en Italia: el auge de regiones agrícolas y la nueva Ley sobre Empresas Agrícolas Multifuncionales, son acciones dirigidas a ofrecer fuentes alternativas de ingresos para los agricultores, para prevenir el abandono de esta rama vital de la economía.
Además, un nuevo actor ha aparecido en escena: el OGM (Organismo Genéticamente Modificado), ocasionando mucha controversia: por un lado sus proponentes propugnan el desarrollo de la investigación con la perspectiva del progreso agrícola. Por otro lado, sus oponentes temen las desconocidas consecuencias en la salud humana y la posibilidad de la desaparición gradual de nuestra biodiversidad. Muchos granjeros se niegan a convertirse en dependientes de las grandes compañías multinacionales que controlan la producción de semillas. Existe una clara confrontación entre los defensores de la agricultura alternativa (agricultura orgánica o biodinámicas, agricultura con manejo integrado de plagas…) quienes luchan por el respeto del medio ambiente; y los defensores de las nuevas biotecnologías usadas en la agricultura. Y esto promete continuar durante mucho tiempo.
Los intereses en juego hacen casi imposibles los intentos para crear entendimiento y búsqueda común en este debate. ¡Pero el desafío está allí! Y es con miras a este desafío que organizamos la Conferencia de octubre en Italia, cerca de Bologna. ¡Permanece atento a este sitio para más noticias!
Tomado de un texto relacionado con la Conferencia organizada por Iniciativas de Cambio en asociación con Paz Ahora (Bologna), patrocinado por el Alcalde de Castel S. Pietro, Italia, 9-13 octubre 2008.